Un Ballet Global

En el último post te hablé acerca de los estilos y las escuelas de ballet, términos que te ayudarán a comprender mejor este post. Así que te recomiendo leerlo y después continuar con este.

Uno de los principales motivos por los que estudié mercadotecnia fue por la falta de un buen branding tanto para compañías, como para bailarines. Con la explosión de las redes sociales hemos visto como nuestros medios de consumo, tanto de información como de compra, se han visto revolucionados y el arte -en este caso la danza- no se queda fuera de la tendencia.

La creación de marcas es uno de los elementos constamente presentes en nuestra vida, y no precisamente hablo de marcas corporativas, sino más bien de marcas personales. Seguramente seguirás cuentas de Instagram de algún artista o bailarín y notarás que cada uno de ellos tiene un estilo definido para publicar sus fotografías, comunicarse con sus fans, mostrar sus intereses y gustos, poco a poco vas observando toques de su personalidad en su contenido; bueno a eso le llamamos branding personal.

A pesar de que defiendo la creación de marcas personales para los bailarines es cierto que han traído consigo tanto beneficios como desventajas. Hace apenas unos años, existía un puñado de bailarines verdaderamente famosos, muchos de ellos se hacían en una escuela, entraban a la compañía, escalaban rangos y hacían su carerra completa protegidos por el renombre de un teatro ; incluso si se les quería ver era necesario visitar el país donde se encontraba su compañía o bien esperar a que hicieran una gala de ballet en las principales ciudades del mundo.

En la actualidad mucho de eso ha cambiado. Podemos observar como los bailarines principales se mueven de compañía a compañía con total libertad. Se convierten en artistas invitados o son bailarines principales hasta en 2-3 compañías al mismo tiempo, además se han dado la oportunidad de explorar nuevos proyectos independientes -muchos de ellos de danza contemporánea u obras musicales-; por otro lado, tenemos bailarines que quizás no sean “principales” pero han logrado hacer una marca personal tan influyente que podemos considerarlos micro/influencers, lo que les ha ayudado a tener mayor notoriedad dentro de sus compañías y fungir como embajadores de marca o ingresar en diferentes industrias.

Además no podemos ignorar la creciente participación de nuevos coreógrafos independientes comisionados a crear nuevas obras para las compañías. Todo esto ha llevado a dos situaciones interesantes:

El ballet y la danza están más presentes en la mente colectiva (y en el gusto) de la sociedad. La danza es incorporada en elementos de la cultura pop, se ha vuelto más accesible y podemos ser testigos en más países del arte de las grandes figuras del ballet, y que los bailarines puedan desarrollarse más allá de los escenarios y el salón de clases.

Por otro lado, nos encontramos con una ruptura de los esquemas y la tradición. Con el tiempo se ha notado un dramático cambio en los estilos y peculiaridades de cada Comapañía Nacional, al rededor del mundo; lo que rompe con décadas de trabajo que irónicamente tenían la intención de “crear una identidad, una marca personal” para cada compañía.

La gente talentosa no pertenece a una sola compañía, pertenece al mundo de la danza…

Natalia Osipova

Muchos bailarines coinciden, más no defienden, que el mundo del ballet también cederá a la globalización y que para mantenerlo actualizado será necesario elevar sus nombres al lado de las celebridades, aunque eso signifique homologar el estilo de danza de diversas compañías.

Otros también mencionan como la notoriedad pública puede llegar a influir en las decisiones al otorgar rangos dentro de las Compañías, si bien no se conoce ningún caso en específico, es de suponer que en un futuro no muy lejano algunos grupos o compañías otorgarán más oportunidades a aquellos bailarines que generen un mayor vínculo con la audiencia y puedan llevar más público al teatro.

En lo particular, creo que este es un debate interesante que seguirá desarrollándose durante estos años. Personalmente, me parece fascinante ver cómo la danza ha repuntado dentro del interés popular de los jóvenes y cómo ésta ha sido fuente de inspiración y se ha mezclado con el trabajo de artistas en otras disciplinas. Me gusta el hecho de que la danza haya penetrado el mundo audiovisual, aunque también he de decir que en ocasiones siento como el arte de la danza se ha visto diluido en en la máquina de la mercadotecnia y se ha transformado en una competencia técnica, vaya, algo más parecido a la gimnasia que fiel al arte de danzar.

Pero esa discusión la dejaremos para otro post ¿Tú qué opinas? ¿Crees que los bailarines deberían seguir respetando las tradiciones y estilos de las compañías tratando de adaptarse a ellas cada vez que se integran a alguna nueva producción o que simplemente deberían seguir desarrollando sus estilos propios?

L ✨

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