Porqué amo el Cascanueces

Finalmente estamos llegando a una de las temporadas más bonitas de cada año: Temporada de Cascanueces. 

El Cascanueces es quizás la obra más representativa de ballet clásico a nivel mundial -además del Lago de los Cisnes- y muchas academias de danza, incluyendo a la Compañía Nacional de Danza, se preparan arduamente para cerrar cada año con representaciones de este querido cuento navideño. ¿Pero qué hace tan especial a este ballet? Bueno, en mi caso puedo decirles que simplemente no existe Navidad que pueda imaginar sin el Cascanueces.

Quizás sea porque la música de Tchaikovsky fue la primera pieza de música clásica que escuche en mi infancia y que me hizo imaginar mundos mágicos, mundos que se hacían realidad por unas cuantas semanas dentro de mi academia de danza. Recuerdo que por éstas fechas la recepción de mi primera academia de danza se tranformaba en una sala de estar, donde bailarinas, bailarines -de todas las edades- y familiares se reunían por horas mientras ocurrían los largos ensayos.

Foto: Theo Kossenas

Recuerdo que junto a mis compañeras trataba de imitar a las chicas grandes que aprovechaban para hacer tarea mientras estiraban antes de entrar a clase. Me acuerdo que los vestuarios de colores inundaban de tul el piso, haciéndolo parecer un paisaje lleno de nubes sobre las que las bailarinas “grandes” cosían sus pares de zapatillas de punta; y también recuerdo el olor a chocolate y a canela que podíamos comprar en la pequeña cafetería.

Los salones se convertían en un hogar; pasábamos horas practicando “nuestro baile”, cambiando lugares, cambiando pasos, haciendo mímica, aprendiendo el lenguaje secreto de la danza, “jugando”. Cuando llegaba la hora de ensayar con los grados más avanzados soñaba con el día en que podría usar sus tutús de colores pastel con diminutos brillantes y listones dorados. Muchas veces me acercqué a algunos de ellos y me enseñaron nuevos pasos, me daban consejos para bailar mejor y me dejaban tocar sus sus puntas y sus coronas con lentejuelas y piedritas de colores.

Todo lo que aprendí de maquillaje, me lo enseñaron las bailarinas más grandes mientras pasaba horas observándolas peinarse y pintarse frente al espejo del salón de danza. Algunas de ellas me ayudarían a maquillarme para mis primeras funciones, me enseñarían a no temer a las pestañas postizas, al delineador negro, o al labial rojo, vaya ni siquiera a las sombras verdes y azules. Desearía también recordar sus nombres…

Años más tarde, sería en la temporada de Cascanueces, donde aprendería todas las técnicas sobre cómo cuidar mis zapatillas de punta, como prepararlas para funciones: cómo pintarlas, cómo hacer que no suenen en los saltos,  cómo evitar que los listones se desamarren y cómo curar las ampollas que siempre aparecen después de las largas horas de ensayo y función.

Fue ahí, entre el vals de los copos de nieve y el vals de las flores donde me hice de mis pequeños trucos y encontré el par perfecto de zapatillas y también donde aprendí a trabajar en equipo para que todas luciéramos como una sola. Fue donde puse a prueba por primera vez, mi paciencia cuando mis variaciones no me salían y a su vez aprendí el poder de la repetición, donde conocí lo frustrante pero también, lo increíblemente liberador y reconfortante que puede ser el ballet.

Con el paso del tiempo los ensayos del Cascanueces jamás dejaron de sorprenderme. Cada año tenía un rol nuevo que aprender, cada año, por unas semanas, podía pretender ser alguien o algo más dentro del mundo mágico que son los teatros. Entre luces y sombras conocí a las mujeres y los hombres que sí hacen magia con luces y telones; muchas veces fueron ellos quienes me dieron la última palabra de aliento para calmar mis nervios antes de salir al escenario y también eran las primeras sonrisas que me recibían al regresar sin aliento a las sombras detrás del telón.

Externos a nuestro pequeño mundo rosa pastel podrían decir que los meses de Noviembre y Diciembre eran rutinarios, quizás hasta aburridos, pero todas las horas valen la pena cuando de repente en un ensayo volteas y descubres que una niña pequeña te observa mientras te arreglas, o cuando se acerca a ti para decirte lo bonito que es tu tutú, y sobre todo cuando sus ojos se iluminan al verte bailar “de puntitas” mientras trata de imitarte escondida detrás del telón.

De eso se trata el Cascanueces para mi -y supongo que para muchos bailarines- esta temporada acércate a los teatros y déjate sorprender por su magia. 🎄 PS. Encuentra las fechas y boletos para El Cascanueces con la CND – MX dando click aquí. 

✨L.

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