Polunin, retrato íntimo

Recuerdo la primera vez que vi el nombre de Sergei Polunin; fue en un video compartido por el Royal Ballet de Londres allá por el año 2010, donde aparecía como el eterno (y perfecto) príncipe de cualquier cuento de ballet. En ese entonces Sergei Polunin ya era una leyenda en el círculo de la danza en Londres.

Reconocido por su técnica pulcra, porte perfecto y su carisma único, se había ganado el respeto y la admiración de compañeros, maestros, miembros de la compañía y, por supuesto, de Dame Monica Mason, directora de la Compañía del Royal Ballet. No pasó más de un año para que se le nombrará solista, y en 2010 haría historia al ser nombrado el bailarín principal más joven del Royal Ballet a los 20 años de edad.

Su carrera estaba en la cúspide cuando de un momento a otro el joven decidió “rebelarse contra las reglas”: renunció al Royal Ballet en medio de un ensayo; así, sin previo aviso y sin explicaciones. Un hecho que por supuesto conmocionó al mundo de la danza. Entre teorías y chismes, lo que causaba más desconcierto era el comportamiento errático del bailarín: “No supo lidiar con la presión”, publicaban algunos medios; otros comenzaron a llamarlo arrogante, pretencioso, malagradecido, loco.

Actualmente, Polunin ha regresado a los escenarios mejor que nunca. Su técnica sigue siendo sinónimo de perfección; sin embargo, aquel chico que por medio de tatuajes y fiestas intentó combatir la disciplina con la que creció durante toda su vida, ha madurado. Aún así, el mito del prodigio rebelde, el James Dean del ballet, no ha sido olvidada.

Recuerdo que en aquel entonces yo era una fan declarada de Polunin. Estaba cautivada por su talento y por su personalidad. Por supuesto que su salida del Royal Ballet me tomó por sorpresa. Pensar que el ballet había perdido a una de sus grandes figuras a tan corta edad me dejó en shock, triste, y sí, enojada. Me preguntaba: “¿cómo pudo hacerlo?, ¿Cómo pudo renunciar si lo tiene todo?”.

 

Hoy, que yo también creo haber madurado, me doy cuenta que cada vez lo entiendo más. Sus acciones me recuerdan que en ocasiones lo más sano es soltar, dejar, alejarse de todo. Ahora pienso que quizás no lo tenía todo. No debemos olvidar que aún hoy, enfermedades como la depresión y la ansiedad siguen siendo un tema tabú, y sin embargo están más presentes que nunca en la sociedad.

Sin importar el éxito que tengas ni el dinero que puedas ganar; o cuando lo que haces no te satisfice ni emocionalmente ni espiritualmente; cuando te lastima, lo mejor es pausar, reflexionar y pedir ayuda.

Si lo pensamos bien, Polunin realmente no fue ni malagrecido, ni caprichoso, ni rebelde… Es posible que sólo estuviera pidiendo ayuda, o quizás sólo quería salir de su zona de confort y tomar riesgos, vivir algo nuevo, reencontrarse de nuevo, sentirse dueño de sí mismo: vivir “la filosofía de vida” que hoy todos celebramos.

El siguiente video publicado por NOWNESS en el 2013, un poco antes del éxito del video musical de Hozier, nos brinda una de las entrevistas más íntimas con el bailarín quien, en ese entonces, comenzaba a retomar la posibilidad de volver a la danza de tiempo completo. Un raro vistazo a un artista único:

Muchos dijeron que Polunin estaba loco… Quizás tenían razón. Por ahí dicen que la genialidad no existe sin la locura.

Nuestras acciones, nuestra vida; son nuestras para elegir. – Sergei Polunin.

 

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