NYCB: Un Ballet para la Ciudad

Hace unos días realicé mi primer viaje a NY y la verdad quedé muy inspirada por el movimiento de la ciudad. Me dio la impresión de ser una ciudad llena de posibilidades, sobre todo, llena de gente creativa. Una ciudad de artistas: desde los teatros, los museos, Broadway y Lincoln Center cada uno a su manera; las galerías y la escena musical de Brooklyn, los clubes de jazz, por supuesto la moda, e incluso la arquitectura y la ingeniería. De cierta forma, todo tiene un toque artístico y me hubiera gustado quedarme más días para poder seguir experimentando la efervescencia de sus habitantes y su calles.

También me hubiera gustado asistir a una función del New York City Ballet pero sinceramente entre tantos lugares que recorrer me quedé corta de tiempo. A pesar de esto, hoy me gustaría contarles un poco más sobre esta compañía que goza de renombre internacional gracias a su estilo y espíritu únicos, fundada por el maestro que trajo el ballet a América: George Balanchine.

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El New York City Ballet honra a la ciudad que le ha dado su nombre, a través de su peculiar estilo técnico lleno de movimientos brillantes y rápidos, es como vivir de prisa, se dice que los bailarines del NYCB son quienes tienen los pies más ligeros. Este estilo fue desarrollado por el coreógrafo de origen ruso George Balanchine, quien en 1948 junto con Lincoln Kirstein y Jerome Robbins tomaron la aventura de fundar la primera escuela y compañía de ballet para esta vibrante ciudad.

Es cierto que las especificaciones de Balanchine para construir su estética nunca fueron las más amigables. A pesar de ser un excelente coreógrafo era bien sabido que Balanchine desarrolló el estereotipo de bailarinas con líneas infinitas, altas y delgadas, enfundadas en letotardos negros con corte alto por encima de las caderas para dar la ilusión de unas piernas larguísimas. Por otro lado muchos de sus trabajos fueron desarrollados para dar un rol mayor a los hombres, sin embargo buscaba en ellos una imagen viril, con fuerza física demandante, que pudieran realizar saltos y giros “imposibles”.

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Sin embargo el NYCB se fue construyendo una reputación dentro y fuera del teatro como una de las compañías mas elegantes de la danza clásica y sus funciones se posicionaron como eventos de gala entre la sociedad neoyorkina -hasta la fecha lo siguen siendo- y cabe destacar que sus bailarines y ex-alumnos predican que el legado principal siempre ha sido saber que: “A base de disciplina, es posible construir un ideal de belleza que para muchos parece imposible y que la gracia se alcanza por medio de la humildad y la devoción a aquello que es tu pasión. Que la danza va mucho más allá de uno mismo.”

La compañía también se construyó con una visión innovadora. Al mismo tiempo que se construían rascacielos y se rompían barreras en la ciudad, el NYCB decidió crear historias que le hablarán a un público moderno. Balanchine respetó los clásicos y en ocasiones tomó inspiraciones de los grandes mitos para crear sus obras como la emblemática Apollo; pero de la mano de Jerome Robbins construyó obras que hablaban de la vida cotidiana de los neoyorkinos y construyó un vínculo especial con el teatro musical y la pasión de sus bailarines por Broadway. En ocasiones, incluso las historis se dejaron a un lado, para únicamente explorar el sonido, las luces, los patrones de movimiento; el ritmo de una ciudad que se sumerge en un caos controlado día a día.

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En la actualidad a pesar de que la cuarta barrera entre bailarines y audiencia se ha visto fragmentada gracias a las redes sociales y a la creciente necesidad de los bailarines por desarrollarse como una marca (este tema lo tocaré en el post de la próxima semana), el NYCB ha mantenido su pureza técnica al ser la única compañía de danza que únicamente recluta bailarines entrenados en su propia escuela. El proceso de admisión es largo, pero en ocasiones lo mejor es intentar asistir a los cursos intensivos de verano para posteriormente ser considerado como alumno de tiempo completo.

Por otro lado no ha sido así sobre la conducta de sus miembros, también es cierto que la compañía se ha visto envuelta en una red de escándalos sobre conductas inapropiadas de parte de su staff y miembros durante el último año; a pesar de esto, el show debe continuar y el NYCB sigue trabajando para colocar la cultura de la danza en Nueva York a la altura de las grandes compañías radicadas en Europa.

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Compartiendo nuevas obras, destacando el trabajo de su ex-bailarin Benjamin Millepied – quien fuera por un tiempo director artístico del ballet de la Ópera de Paris- y rompiendo barreras coreográficas de la mano de  su coreógrafo residente Justin Peck, quien ha optado por trabajar con artistas y músicos contemporáneos para seguir innovando en el repertorio. Por si esto fuera poco, muchos de sus bailarines principales continúan aventurándose fuera de la vida del Lincoln Center, y con mayor frecuencia podemos observarles bailando o creando coreografías de shows en Broadway (aquí podemos destacar el trabajo de Robert Fairchild y Tiler Peck). También destacan las colaboraciones con diseñadores de alta costura que no sólo visten a las bailarines fuera del escenario sino que también crean vestuarios para las nuevas obras.

No cabe duda que el NYCB es una de esas pocas compañías que dentro de la danza parece haber encontrado un balance entre la tradición y la innovación, al igual que el espíritu único de la ciudad que habita: Nueva York. Una ciudad que sin importar lo que pase sigue cayendo rendido ante el glamour y el misterio de cuerpos étereos, envueltos en tul, iluminados por las luces del escenario, dispuestos a crear magia una noche más.

✨L

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