Diaghilev: Empresario de la danza

Hoy en íconos te contaré más sobre uno de los hombres que apostó por el arte y la creatividad como una fuente de inversión, y de paso, creó una revolución en la danza; estoy hablando del empresario de arte y creador de los Ballets Rusos: Sergei Diaghilev.

Diaghilev no era bailarín, ni coreógrafo, en realidad estudió Derecho pero su amor por arte -inculcado desde la infancia- era tanto, que decidió dedicar su trabajo y vida a la creación, producción y difusión de obras interdisicplinarias con los artistas más innovadores de su época. Considerado un genio por muchos y un loco por otros tantos, todos coinciden en que Diaghilev fue un revolucionario, y como tal, su éxito y fracaso radicaron en ser un visionario y estar adelantado a su época.

Emprendedor por naturaleza Sergei Diaghilev funda su compañía artística, Los Ballets Rusos, en 1909 con el propósito de reunir a los mejores talentos de la escena artística y realizar giras por toda Europa. La compañía se destacó entre el público por sus obras antiacadémicas, consideradas provocativas para la época y sin quererlo Diaghilev renovó el arte del ballet. Éste introdujo coreografías con movimientos más abstractos, temáticas y personajes fantásticos, vestuarios y decorados fuera de lo común y todo lo hizo de la mano de los músicos, diseñadores, pintores y bailarines más vanguardistas de su época entre los que destacan los bailarines Vaslav Nijinsky, Tamara Karsavina, Ana Pavlova, el coreógrafo Balanchine, los compositores Stravinsky, Debussy, Ravel, Satie, Prokofiev, los pintores Baskt, Benois, Matisse, Picasso y la diseñadora de modas Coco Chanel, entre muchos otros, siendo algunos de ellos “descubiertos” por el empresario.

 

Su obra más polémica fue el ballet de La Consagración de la Primavera, con coreografía de Vaslav Nijinsky -leyenda del ballet ruso- y con música compuesta por Stravinsky; la obra no fue bien recibida debido a la temática “obscura y primitiva” donde una joven es condenada a bailar hasta morir en un ritual que celebra la llegada de la primavera; sin embargo la música se convirtió en la ópera prima de Stravinsky y es, en la actualidad, una de las piezas musicales más importantes del repertorio clásico. A pesar de este primer fracaso la colaboración entre el empresario y el compositor continuó dejando obras como El Pájaro de Fuego, Petrushka y Pulnicella.

Dhiaghilev buscaba crear obras sorprendentes, llamativas para todo tipo de público. Su ideal era que el ballet gustara a las masas y no fuera un arte exclusivo de la aristocracia, pese a esto, las necesidades de financiación lo llevaron a recurrir al mecenazgo y crearon que muchas de sus producciones fueran consideradas como obras demasiado intelectuales, lo que las encerró nuevamente en un nicho , quizás no tan conservador pero al fin de cuentas aristocrático.

 

Las leyendas de los Ballets Rusos perduraron por dos décadas hasta que Diaghilev murió en 1929. A partir de ese momento sus producciones se convirtieron en mito, muchos de los elementos de escenografía, vestuarios y utilería desaparecieron; incluso las coreografías se perdieron con el tiempo. No fue hasta finales del siglo XX que algunos de los ballets se revivieron parcialmente, sobre todo con el surguimiento y creciente popularidad de la danza moderna y la nueva vertiente del ballet moderno desarrollado por coreógrafos como el mismo Balanchine (quien posteriormente sería fundador de la Escuela Americana de Ballet en Nueva York), Maurice Bejart o Robert Joeffrey.

Actualmente el legado de Diaghilev continúa en la interdisciplina, en cada colaboración y en cada artista musical, visual o de la moda que encuentre su inspiración, sus héroes y sus musas sobre el escenario.

L✨

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